jueves, 17 de marzo de 2016

La Poda

He vueltooo
Después de tanto tiempo sin escribir me veo obligada a decir simplemente que no me apetecía mucho escribir porque no se me ocurría de qué. Ahora parece que esa fase ha pasado y tengo pensado escribir de nuevo. Se acabó, no doy más explicaciones.

Hace unas semanas mi padre me dejo un pequeño marroncito en forma de ramas en mi parcela. Se puso a podar las ramas de la mimosa que tenemos en la casa y como se le hizo tarde no pudo recogerlas. Al día siguiente tenía que irse y me dejó a mi el encargo de llevarlas a la parte de atrás de la parcela para que se secasen. Voy a resumir porque el tema del que quiero hablar es que al principio me vi sobrepasada por la cantidad de ramas que había. No exagero al decir que apenas podíamos entrar en casa. Estaba claro que eso no podía dejarlo así y que tenía que hacer algo pronto.
Un día, al volver de sacar a la perra me dejé las llaves en casa, y como Cris estaba en la ducha no me oía llamar por lo que decidí aprovechar el tiempo. Fui cogiendo poco a poco, rama a rama aquel montón y organizándolo de modo que las ramas secas y troncos quedasen en un lado, y las ramas con hojas y polen amarillo quedasen en otro. Luego empecé a meter los montones en bolsas y poco a poco, la parcela iba quedando recogida.

A medida que iba recogiendo, partiendo ramas y separando montones me dí cuenta de lo terapéutico que resultaba. Estaba empezando a verlo como una metáfora de lo que son los problemas. Cuando una persona tiene un problema que le tiene desesperado, agobiado y que cree que es tan gordo que no va a poder con él, tiene que verlo como una rama. Una rama grande con varias ramas conformado el cuerpo del árbol. En un principio puede que la rama sea tan pesada que no puedas ni levantarla (como me pasaba a mi con alguna rama). Pero si empiezas a cortar las ramas pequeñas que la conforman, quitando poco a poco y con paciencia los pequeños trozos que la forman, al final te quedas con un palo pequeño y fácil de manejar, nada que no puedas hacer pedazos que te sirvan como leña.
Además, puede parecer una tontería, pero la tarea me enseñó que con paciencia y constancia, cualquier cosa se puede hacer sin problema. De verdad no os podéis imaginar la cantidad de ramas que había. Ahora son 8 bolsas de basura que guardaré para dar leña a mis amigos o tiraré si es que nadie quiere, pero lo que no tiraré e irá siempre conmigo es la lección que me llevo.
Así que en definitiva estoy agradecida por el trabajo que me dejó mi padre. No lo voy a decir muy alto no sea que me mande más tareas (jijiji)

Espero que os haya gustado y entretenido.
Como siempre ¡que tengáis un muy buen fin de semana!