sábado, 26 de abril de 2014

La rosaleda

Avanzo suavemente por las calles que conozco tan bien. Aquí recuerdo cuando quedé con tal, allí estuvimos sentados charlando de la vida una tarde cualquiera, allí jugamos un partidillo en aquel verano... Son las 18:45 y estoy corriendo. Es viernes por la tarde y me cruzo con gente de todo tipo, los que van a salir de copas, los que llevan a los niños al parque, los que vienen de comprar, los que simplemente pasean, los que hacen deporte. Las piernas me responden perfectamente a pesar de que esta semana las he exigido más de lo normal. El martes 5 kilómetros, el miércoles 8 y hoy otros tantos. Intento refrenarme porque me he acostumbrado a un ritmo demasiado alto para la cantidad de kilómetros que tengo que correr. "O voy más despacio o esto me pasa factura" pienso cuando miro el reloj y veo que he vuelto a acelerarme. En un momento del entrenamiento me entra la risa porque veo corredores por todos sitios, uno que va, otro que viene, una que gira, otro que me adelanta... En un momento nos hemos juntado seis zombies corredores, cada uno con sus cascos y la mirada fija al frente o en el suelo. Yo prefiero mirar alrededor porque considero que correr es un placer para disfrutar de lo que ves y lo que hueles. Paso al lado de una rosaleda y levanto la cabeza para aspirar con la nariz el olor de las rosas en flor que tan bonitas han salido a causa de la lluvia primaveral. 6 kilómetros, me vuelvo para casa. Cuando llego no me noto cansada y hago mis ejercicios de abdominales y brazos para complementar. Estiro bien y me ducho: ¡Como nueva!.
A principio de semana cuando veía que en mi plan tenía que hacer 32 kilómetros esta semana, junto con los días de entrenamiento de fútbol pensé: No lo voy a conseguir o me voy a cansar mucho. Ahora, estando a sábado, a un día de terminar la semana y con 12 kilómetros que hacer el domingo pienso: y ¿por qué no?.


sábado, 19 de abril de 2014

El plan

Son las 8:30. Escucho música por un oído mientras por el otro oigo mis pisadas y mi respiración acelerada. No es una mañana especialmente fría pero voy con mis pantalones cortos de correr y la camiseta técnica de una carrera, por lo que me cuesta un poco entrar en calor. Mis ojos reaccionan ante la súbita luz del sol que me alcanza tras pasar un árbol. No he desayunado y se nota, mis piernas no tienen energía pero continúan su constante vaivén. "Mi cuerpo es una maquina"  me repito una y otra vez.
Un rato después estoy desayunando y pensando en mis cosas cuando se cruza por mi mente prepararme para correr un maratón.  Me da bastante miedo al principio,  después pienso, ¿por qué no?. El problema es que cuando te planteas un reto tan grande,  no hay que abordarlo de lleno. Es mejor ir pensando en lo que puedes hacer y sobre todo no tener prisa. Así que sin haberme duchado todavía, enciendo el ordenador, me meto en la página de myasics.com e introduzco mis datos. Mi reto actual: preparar una media maratón.  
Me veo bastante capaz de terminar una media maratón así que es por donde voy a empezar. El entrenamiento que se me propone consta de 4 días de entrenamiento comenzando con 5-8 kilómetros en la primera semana, muy bien. 
Hago mis primeros 5 kilómetros con ilusión y más rápido de lo que me marca el plan. Un día de descanso y el jueves hago 8 kilómetros.  Me cuestan un poco más por la distancia y sobre todo el calor que se presenta ya en este mes de abril. Termino contenta. Al día siguiente me toca descanso y lo agradezco porque noto las piernas muy cansadas, ¡hacia mucho que no tenía agujetas por correr! 
Hoy es sábado y me toca correr otros 5 kilómetros, pero el día está tonto, con nubes y amenaza de lluvia por lo que creo que me voy a divertir. 
¿Cómo no me va a gustar correr?