Correr por los que no pueden hacerlo. Me parece muy buen lema. El año pasado ya me enamoré de la carrera sólo por los que corrían, lo que significa y el modo de competir pero fue en Barcelona. Este año aprovechando que nos pillaba un poco cerca, nos hemos animado a correrla Cris y yo.
Solo ha pasado una semana de la Media Maratón pero me siento bastante descansada y lista para correr. Es cierto que me molesta detrás de la rodilla, como siempre, pero para correr estoy de fábula. Cuando llegamos al sitio, nos han reservado un aparcamiento donde podemos dejar el coche los corredores que venimos de fuera de Aranjuez. A pocos metros nos encontramos un escenario no muy elevado en el que un speaker se empeña en animarnos la mañana realizando entrevistas, comentarios sobre el resto de países participantes e informando de las zonas que tenemos a nuestra disposición. Como hemos tenido una hora de viaje tenemos sed pero no hemos traído agua. Buscamos entre los puestos algún sitio donde den avituallamiento pero no encontramos nada. Un gran fallo nuestro pero también de organización, porque los corredores pueden necesitar agua antes de salir. Con la boca seca y nervios nos dirigimos hacia la Salida. Quedan 15 minutos para que empiece la carrera. Miramos con recelo el catcher Car y nos colocamos en nuestro cajón. Mientras esperamos la salida junto con otros corredores, el speaker nos anima a calentar, a dar palmas, a bailar, y la espera se hace entretenida.
A las 13 en punto se da la salida. Corremos a la vez en 37 países y el nuestro es un paisaje envidiable. Salimos por detrás del palacio y bordeamos la Plaza de las Parejas para acabar atravesándola entre el rugido de una multitud que se ha congregado para animar a los corredores que hoy tienen un objetivo, donar para la investigaciones de las lesiones de médula espinal. Entre la multitud oigo que animan a una corredora, una chica que va en silla de ruedas, empujando a más no poder para avanzar entre una multitud de corredores que le dedican miradas de admiración, yo entre ellos.
Cris está a mi lado y la veo radiante. Tanto que tengo que decirle que no apriete tanto que después va a reventarse. Me hace caso a medias y seguimos avanzando por las calles de Arajuez. Cuando vamos por el kilómetro 3 y coincidiendo con el inicio de una cuesta empiezo a notar un pinchazo en el costado...el maldito flato. Trato de contenerlo y a ratos siento una necesidad imperiosa de pararme, pero no lo hago. Respiro hondo intentando estirar la tripa y suelto el aire poco a poco. El flato parece disminuir y continúo controlando la respiración. Llegamos al primer avituallamiento y nos damos cuenta de que todo el camino tiene pinta de ir cuesta arriba. "Me pregunto si el resto de países tienen estas cuestas también" dice Cris con mirada de ironía.
Para los que no sepáis como va la carrera, consiste en salir de un punto y avanzar en línea recta hasta el kilómetro 100. Cuando el último corredor ha pasado la salida (ha empezado la carrera) cuentan 30 minutos. A partir de ahí sale un coche (pilotado por Marc Coma) que hace el mismo recorrido que nosotros a un ritmo bajo. Cuando cada vez que pasa una hora aumenta el ritmo. Los corredores a los que alcance han terminado la carrera. Es como si la meta jugase al pilla pilla con los corredores. Tienes que regular tu ritmo para no morir de exceso pero tampoco quedarte muy atrás porque el coche te cogerá antes. Si no lo entendéis buscadlo en google leche.
Pues tras subir muuuuchos kilómetros de cuestas empezamos a apreciar el paisaje y a tener la sensación de estar adentrándonos en una aventura. Corriendo por una carretera sin coches, con corredores por delante y por detrás, sin más sonido que nuestras zapatillas. Una experiencia maravillosa que hace que valores estar ahí, aunque estés cansado. Merece la pena.
Cuando llegamos al kilómetro 11 vemos a lo lejos el temido Catcher Car. Empezamos a acelerar el paso pero hay cosas que son inevitables, y tras unos metros en los que parece que le adelantamos, nos rebasa en el kilómetro 12,83. Cuando te rebasa te sientes vacío por no poder seguir pero reconfortado por estar ahí. Nos recoge un autobús en el que nos dan agua y Red Bull y nos devuelve a la Plaza de las Parejas. Aquí podemos ver cómo van las carreras en el resto de países y nuestros campeones, que siguen corriendo lejos de la meta.
Nos alejamos con la sensación de querer más y pensando que si el año que viene estamos disponibles, vamos a mejorar nuestra marca.

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