Me despierto con nauseas que pueden estar causadas por los nervios típicos del día del partido o el hambre atroz que siento porque no cené mucho anoche. Me encuentro tan mal que me levanto de la cama y voy directa al baño.
Cuando empiezo a estar mejor saco a la perra y desayuno viendo "Friends", una costumbre recién instaurada para los domingos por la mañana. Cuando termino me empiezo a arreglar para ir a ver jugar el Rayo-Barcelona femenino que se disputa en Vallecas a las 12. A pesar de ser lo más alto del deporte femenino, el cesped es artificial y no se retrasmite por ningún canal de televisión, a no ser que sea catalán.
Cuando termina la primera parte vuelvo a casa para comer, ya que a las 13:45 tengo que estar en mi polideportivo para ir dirección a Aluche. Jugamos contra el Cantera.
Cuando llegamos el cielo tiene pinta de lluvia, pero no empieza a llover hasta que llevamos 15 minutos de partido. Empiezo el partido en el banquillo y ahí me quedaré hasta el final. Aunque reconozco que estoy verde, que el partido no estaba para que saliese o que la gente que salió es más valida que yo (al menos por la experiencia), no puedo evitar sentir un poco de pena por no haber podido disputar ni un minuto, porque aunque no tenga tanta técnica como otras iba a dar el 200% de mi. Ganamos 1-2 a un equipo peleón y que tuvo oportunidades hasta el final.
Después del partido nos vamos a ver al Samper A que juega en Manoteras a las 18. Llegamos un poco tarde pero a tiempo para ver el primer gol de Teresa y el gol del empate del Spartac. Fue entonces cuando me dí cuenta de lo necesario que es tener un club que te apoye. Las chicas quedaron un poco tocadas con el gol, pero empezamos a animarlas para que supiesen que no estaban solas y al final acabaron remontando y ganando 1-3. Son unas maquinas, pero creo que también ayuda que a pesar de estar en campo enemigo, escuches una voz amiga diciendo que "puedes con ellas, que te las comes, que llegas a ese balón..." Que te des cuenta que esas personas han venido hasta allí solo para animarte y por tanto tienes que dar algo a cambio. Se puede ganar o perder, pero hay que darlo todo.
Lo se porque es lo que nos pasó en el primer partido que jugamos. La verdad es que los nervios eran palpables pero saber que en la grada había gente apoyándonos hizo que no dejásemos de luchar. Es por esto que me encanta el deporte y me encanta el espíritu de equipo, y en el Samper parece que todo el club somos un gran equipo.

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