jueves, 30 de abril de 2015

Post Carrera

¡Buenas amiguitos!

Ya ha pasado uno de los días más cansados de mi vida y me siento genial. No puedo explicar exactamente lo que se siente.
Cuando pase la meta me sentí muy bien, cansada y a la vez con la idea de llegar más lejos. No era consciente realmente de todo el tiempo que me había costado llegar hasta ese día, ese momento, esa distancia. No me acordaba de los dolores de piernas que me habían marcado los últimos meses, lo que me está costando superar mi lesión que todavía me impide estar al cien por cien. Simplemente estaba ahí puesta, con mi bolsa en los hombros y la medalla de finisher en el cuello, sonriendo como una tonta y muy agradecida a mis padres y Cris por estar ahí.

Creo que aún no soy consciente de que lo que he hecho no todo el mundo podría hacerlo, o lo que es mejor, no todo el mundo querría hacerlo. Correr es una tontería y la gente lo ve como un aburrimiento, pero lo que no entienden es que no es el hecho de correr, es el hecho de pelearte contigo, de ser constante, de entrenar a pesar del frío y la lluvia, de las lesiones, de las cenas y comidas de navidad. No es correr por correr, es correr por llegar a un sitio, correr por superar tus metas día a día, por decirte a ti mismo que puedes hacer casi todo lo que te propongas.

Ahora mismo lo máximo que he corrido son esos 21 kilómetros con 97 metros, para muchos puede ser una burrada, para mí es casi poco. Hay muchísima gente que corre eso tres días a la semana porque se preparan pruebas más grandes como maratones, ultramaratones, Ironman, trails...
Entre mi gente puedo ser una loca, una bestia, una heroína, pero para el resto del mundo soy una más, incluso una novata en este mundo. Soy consciente de ello, no se me va la cabeza diciendo que llegué a la meta, que encima me sentí como que podría haber corrido más tiempo, más lejos. Se que mi cuerpo puede darme más, que con tiempo todo se consigue, que si lo intento mi cabeza me va a acompañar siempre, que no me va a dejar de empujar.



Me siento humilde porque correr junto con otros que iban a por la gran prueba, los 42, 195 kilómetros te hace ver las cosas con perspectiva. Te hace pensar que cuando yo me paré ellos todavía tenían que correr otros 21 kilómetros, que cuando yo estaba en casa duchándome muchos sufrían, lloraban o gritaban por no haber podido llegar, por haberse quedado en el temido muro, y que otros sufrían, lloraban o gritaban por haber terminado, por estar en la meta, por ser maratonianos.

Ahora mismo me encuentro en un limbo. No soy maratoniana ni soy novata, no soy experta pero tengo experiencia, no hay etiquetas para lo que soy. O tal vez si, tal vez sea Elia haciendo mi camino paso a paso
, marcándome nuevas metas viviendo nuevas experiencias, contándoos que esto no ha acabado, que esto no se queda aquí. Que este blog se llama Maratón de Asia y es por algo. Tal vez no sea este año ni el que viene, no lo se, pero algún día pienso quitarme el miedo y confiar en que puedo llegar a unirme a esa gran familia de gente que al menos una vez ha logrado terminar un maratón.

lunes, 27 de abril de 2015

Medio Maratón Rock&Roll Madrid

Son las 6:45 de la mañana y suena el despertador. Lo miro incrédula porque tengo la sensación de acabar de dormirme. Anoche me costó mucho coger el sueño, di mil vueltas en la cama y no paraba de pensar en el día que llegaba, 26 de abril, el día de mi primer medio maratón.
Me incorporo con mucho esfuerzo y bajo a desayunar. Es importante que desayune con tiempo para que no me pasen cosas raras en el estómago. Mientras me hago el café oigo ruido en la casa y saco otra taza, Cris se ha despertado y la muy loca va a desayunar conmigo. Al poco de preparar el desayuno aparecen ella y Asia con cara de sueño por la puerta. Nos saludamos casi sin hablar y entre gruñidos le hago saber que no tiene porqué desayunar conmigo, pero le doy pena y me acompaña.
Me preparo y compruebo veinte veces que no me dejo nada. Entre unas cosas y otras mis padres, también están ya en pie y en seguida estamos saliendo por la puerta para subirnos al coche. Son las 8:15 de la mañana y la carrera empieza a las 9.
Como es domingo no hay mucho atasco y llegamos a Atocha en 15 minutos. Según nos acercamos a la carrera se ve gente con la camiseta y dorsal, algunos con chubasquero, otros con bolsas de basura y otros a los que parece dar igual la lluvia. Les veo pasar trotando al lado del coche, calentando, y se me pone un nudo en el estómago "ya estamos, esto es serio". Cuando no podemos avanzar mis padres paran el coche para que Cris y yo nos bajemos. Desde dentro me desean mucha suerte y me animan. Me da hasta pena separarme de ellos porque no les veo mucho, pero en ese momento estoy un poco tensa y no quiero perder mucho tiempo, les mando besos desde fuera y me siento profundamente agradecida del esfuerzo. Sé que a mi padre no le gusta madrugar, y no le he visto en ningún momento poner ningún tipo de gesto de desagrado, sino todo lo contrario, se han ofrecido ellos.

Cris y yo nos acercamos a la carrera, yo voy pendiente del móvil porque he quedado con Nines en Neptuno, pero no conseguimos encontrarnos. Me quito la sudadera y el chubasquero y se lo doy a Cris, que lo mete en la mochila. Me iba a llevar la GoPro para grabar la carrera pero en el último momento pienso que mejor no, porque 21 kilómetros con la cámara en la mano pueden ser un rollo.
Cuando la gente empieza a andar me despido de Cris, que va a intentar seguir la carrera en metro y verme en puntos por los que sabe que pasaré. Me da pena verla irse porque significa que a partir de ahora estoy sola.

Miro adelante y no veo más que gente. Gente por todos lados. Me entretengo imaginando cómo será su vida, cuál sera la historia de cada uno para correr una maratón o media maratón. A mi lado hay una pareja de unos 70 años que tienen dorsal de media maratón, un poco más adelante unas chicas que tienen una camiseta en la que pone "va por ti ..." Gente de todo tipo me rodea.
Un poco antes de pasar el arco de salida me pongo los cascos, preparo el reloj y empiezo a trotar. Cuando paso el arco empieza lo bueno. A los lados hay muchas personas que han venido a vernos salir, que animan y jalean aplaudiendo. Es un gran ambiente y aunque llevo mi música no pierdo detalle y me contagio. No, no estoy sola. Controlo mi velocidad de carrera para no empezar muy fuerte y trato de disfrutar al máximo.
En el kilómetro 3 me empiezan a doler los muslos, los gemelos, las rodillas. Mi cuerpo se está activando y no le doy más importancia. En el kilómetro 8 me duelen las plantas de los pies, trato de correr estirando y cambiando de apoyo de vez en cuando. En el kilómetro 10 ni me entero de los dolores, me siento bien. En el kilómetro 11 me encuentro por fin a Cris, hemos estado hablando por Whatsapp y no conseguía encontrarme y por fin, en Nuevos Ministerios la veo. Me he pasado la carrera mirando a los lados buscando una cara conocida y ahí está. Me acerco y la oigo animarme y sonreírme, paso por su lado y chocamos, le digo "Esto está hecho". Desde ese punto empieza lo mejor, me he tomado un gel de Energy y empiezo a acelerar. La gente va decayendo y les adelanto. Me siento muy bien y empiezo a pensar en todos los que me habéis leído y animado durante mi entrenamiento para esta prueba. Pienso en mi abuela, que siempre cree que voy a ganar, en mi tia Elia que ha estado malita últimamente, en Ángel que siempre se queda alucinado del ejercicio que hago, mi equipo de fútbol que ayer ganamos por huevos, mi prima Ester y mis tíos, Jana y Diana, mi antiguo equipo de hockey y la buena gente que había, en todos mis amigos que piensan que estoy loca pero no saben que hay gente peor que yo. No estoy sola.
En el kilómetro 14 aproximadamente nos separamos de los valientes que van a correr la Maratón. Les miramos con una mezcla de admiración y respeto, les aplaudimos, nos aplauden en agradecimiento. Se me pone la piel de gallina y no puedo evitar emocionarme. Es un momento difícil de explicar, entre humanos, entre deportistas, de ser consciente de lo que es estar ahí, de lo que les queda, de lo grandes que son.
A partir de aquí y con el sentimiento de que algún día seré una de ellos, todo va rodado. En el kilómetro 19 empieza a llover con ganas. Miro al cielo con cara de "¿En serio?" pero no puedo evitar pensar que es un guiño a mis propias palabras "Lluvia a mi, me encanta correr con lluvia" y sonrío acelerando, pasando gente que va aguantando como puede, va a andando, se para a estirar. Ellos también son grandes, aunque anden ya han tenido más huevos que los que no se han apuntado (no es una critica a los que no lo hacen sino un piropo para los que vienen). No puedo evitar animar a un chico que va cojeando mientras corre, pero no se para, sigue con la meta en mente. "Ánimo, que ya no queda nada" le digo sonriendo, y el me sonríe "Muchas gracias". A los lados empiezan a aparecer aquellos que ya han terminado y van con la medalla al cuello, nos animan y me parece indescriptible que a pesar de la lluvia sigan ahí animando.
Entramos por fin en el retiro y estoy genial, me siento genial, empiezo a ver la meta y la cantidad de gente que hay a los lados de las vallas. No estoy sola.
De repente alguien me toca el hombro, es Nines que va con su amigo Jorge. Nos saludamos sabiendo la suerte que tenemos de encontrarnos justo cuando vamos a pasar la meta. Es genial llegar a meta, pero si llegas con alguien es mucho mejor. Nos aproximamos a la meta y veo a mi padre a un lado y a mi madre un poco más adelante. Estoy emocionadísima. Me encanta que mis padres estén aquí, me hace disfrutar el momento aún más. Cruzamos la meta de la mano Nines, Jorge y yo.

No estoy sola porque cuando corres, a pesar de todo estas contigo, estas con tu corazón, con tus piernas, con tu cabeza. Estás con todos los kilómetros acumulados hasta llegar a hoy, estas con todos los paisajes que has visto mientras corrías, con todas las carreras, las canciones y los dolores. Estás con el flato, los tirones y las ganas de abandonar. Pero también estás con toda esa gente que, aunque no lo crea, hace que tires un poco más, que aguantes hasta el final.
Todos vosotros que estáis ahí animando y comentando cada día, los que estáis cerca y lejos, los que a pesar de que no hablemos leéis mis blogs y sentís que poco a poco volvemos a unirnos.
¡Muchas gracias a todos!

Si, sé que tengo cara de pan en la foto pero ¿que esperáis? ¿que salga tan divina como Nines? Una tiene sus limitaciones y yo después de correr pues, tengo esa cara. 


Aqui ya estoy en casa con mi medallita y menos horrible jiji.


Mola terminar una carrera y que te den una medalla tan bonita y que encima tenga a la Cibeles. ¿Qué más se puede pedir?




miércoles, 22 de abril de 2015

Todo el pescado vendido

Hoy es el día de prueba. El último día que corro antes de la media maratón, que por si no lo he dicho suficientes veces es el 26 de abril (este domingo) y es en Madrid centro. En esta página web podéis ver toda la información que necesitéis para aclararos.
Hoy tengo que correr sólo 8 kilómetros pero voy a aprovechar para llevarme un gel y comprobar que no me produce cosas raras en el estómago. Además. me he puesto los calcetines nuevos que compré en Decathlón específicamente para este día para comprobar que no me produzcan roces desagradables que me hagan fastidiar la carrera. Es importante que en pruebas de tanta distancia no estrenes nada, tienes que ir con todo ya probado para evitar imprevistos. La camiseta de la carrera imagino que no tendré más remedio que estrenarla ese día, pero el resto no quiero dejarlo al azar.

Me he preparado mi lista de música en Spotify pensando en mi estado de ánimo en cada kilómetro. Al principio me pondré canciones lentas y más o menos cuando pase el kilómetro 10 que empiece la caña. He calculado el ritmo de carrera que quiero llevar y más o menos puedo controlar la canción que suene en determinado tramo.


Mañana voy a recoger el dorsal. Me parece que está personalizado con mi nombre, que junto con la camiseta y la bolsa del corredor serán las pruebas más reales de que realmente voy a correr la Rock and Roll Madrid. Sé que no es una maratón y no me quiero ni imaginar cómo de nerviosos estarán los que corran los 42,195 kilómetros, pero para mi esto es muy grande. Estoy emocionada pero segura, nerviosa pero con ganas de correr. A ratos me vienen ideas de "No me apetece correr, me da miedo, y si no acabo..." pero mi cabeza me contesta rápidamente, "¿Crees que te pararas? ¿en serio? ¿no sabes lo bruta que puedes llegar a ser?" y me relajo. Mi cabeza es mi fuerte, mi empuje, mi ayuda más grande en momentos de bajón, en momentos en que mis piernas no quieren. Sé que iré a la carrera con nervios, con ganas de ir al baño, incluso puede que con ganas de vomitar, pero también sé que en cuanto me coloque entre los demás corredores con mi dorsal, empiece la música y el ambientazo que seguro que habrá no va a haber quien me pare. Ni mis dolencias, ni mi cansancio, ni mis nervios. Todo se acabará y solo quedaré yo con mi cabeza y mi música.
Además no voy sola, voy con Cris, mi otro gran apoyo, la que siempre se come mis carreras y encima  ¡la tía parece disfrutar!. No sé si ha pensado bien en esta ocasión que va a tener que estar esperándome 2 largas horas a las 9 de la mañana. Pero da igual, seguro que estará allí cuando termine, animándome y en cierto modo envidiandome. Solo espero que el año que viene podamos hacerla juntas y no me envidie, que la disfrute como seguro que hago yo.
También parece que van a venir mis padres a verme llegar, y yo encantada de la vida. Aunque vivan lejos nunca me han dicho nada que no me anime, nada que me haga sentirme mal, siempre están ahí cuando se les necesita y soy muy feliz siendo su hija. No elegiría unos padres mejores, y que conste que están por ahí Angelina y Brad Pitt, ¡eh!

Y por supuesto estáis vosotros, los que me leéis y me mandáis mensajes de apoyo cada entrenamiento, que comentáis lo loca que estoy y la pereza que os daría. Vuestra pereza es mi fuerza, vuestro aliento mis pasos, cada vez que me ponéis una palabra de ánimo no puedo evitar sonreír. Estáis los de toda la vida y los que, a pesar de que pase el tiempo y haga mil que no nos vemos, me seguís en cada locura gracias a Facebook.

No me quiero enrollar mucho más y solo quiero decir que gracias, gracias por cada Like, por cada comentario, por cada ánimo. El domingo en las dos horas y pico que dure mi calvario (mentira, me encanta) repasaré mentalmente a todos y cada uno de vosotros. ¡Espero no dejarme ninguno por la falta de riego en el cerebro!

¡Gracias!

viernes, 17 de abril de 2015

Kindness taken for weakness

Vivimos en un mundo en el que no puedes dar tu opinión sin que haya quien se ofenda, no puedes trabajar demasiado porque dejas mal al resto, no puedes criticar lo que te parece que se hace mal porque parece que les estés insultando, en fin, creo que entendéis por dónde voy. Siempre me he considerado una persona agradable y amable con los demás, pero creo que llega un punto en el que por no quejarnos parecemos idiotas.
No se si habréis escuchado la letra de la nueva canción de Rihanna con Kayne West y Paul McCartney, pero hay una parte que dice "All of my kindness is taken for weakness" lo que viene siendo que toda mi amabilidad es tomada como debilidad. Pues es un mundo en el que esto es así. Si se equivocan en una tienda y te dan un producto que no funciona encima vas como si tuvieses el rabo entre las piernas deseando que te toque un dependiente majete que te resuelva el problema sin que tengas que ponerte como una fiera. Y encima te tratan con condescendencia...en fin.


Bueno, el tema del día no es ese. El lunes corrí 18 kilómetros y por la noche entrené fútbol, con partidillo final incluido y sinceramente... me pasé. Me he pasado la semana con resaca de esfuerzo (lo digo así por no admitir que he vuelto a caer en el sobreentrenamiento...ups) Pero la verdad es que no veo otro modo de hacer todo lo que tengo que hacer. En fin, que no he escrito porque entre la mala leche que tenía, el cansancio y lo ocupada que he estado, no tenía ninguna gana de escribir. 
Hoy parece que estoy un poco mejor, y tengo que correr 8 kilómetros así que no hay excusas. Estoy rebajando la cantidad de kilómetros porque esto esta hecho. Ahora tengo que intentar descansar, comer carbohidratos, hidratarme y cuidarme las patitas lo máximo posible. Tengo partido el domingo pero como me tocarían 8 kilómetros y es un día importante porque nos jugamos la liga pues haré lo que pueda y en lugar de correr jugaré.

Por cierto, esta semana he empezado el curso on line de coaching en nutrición y ya iré haciendo artículos de nutrición y cosas que se me vayan ocurriendo sobretodo enfocadas en el deporte.

Bueno, sin mucho más que añadir, espero que paséis un fin de semana espectacular y disfrutéis porque parece que por fin va a hacer bueno.
Un saludo y hasta el lunes.

martes, 14 de abril de 2015

Ensayo general

Lunes. Suena el despertador a las 7:30. Me cuesta pero finalmente me levanto de la cama, me cambio de ropa y saco a la perra a hacer sus cosas. Parece que ni siquiera ella quiere salir de la cama. Ha sido un fin de semana duro. No he descansado bien, he corrido, he jugado y me he reído, y por eso me encuentro muy cansada. Prefiero no pensar en lo que me queda de día y pienso solo en lo que tengo que hacer en este momento. Desayuno, estudio, y me cambio para salir a correr. Estoy cansada pero es parte de mi entrenamiento, entrenar cansada es un plus, quiere decir que si me acostumbro mi umbral de cansancio estará más lejos. O igual exagero
Tocan 18 kilometritos de nada. Un poquito de salsa para el cuerpo. Además hoy lo hago por mi zona, por las cuestas y recorrido callejero, nada de planito y fácil. Sin pensarlo salgo a la calle con la lista de música que ya tengo casi seleccionada para la carrera. Voy pensando en poner una canción más adelante, otra más atrás, quitar otra... Poco a poco va pasando el paisaje a mi lado, voy pensando la ruta por la que ir, la zona en la que más lejos pueda ir de mi casa.
Mi reloj tiene una función en la que le pongo el número de kilómetros que quiero correr y me pone en un circulo el porcentaje que llevo. Es un modo muy interesante de no mirar lo que me queda. En porcentaje es más guai. Cuando me quiero dar cuenta llevo más del 25% recorrido y la verdad es que me encuentro bien. Según estoy diciendo eso me empieza a pinchar un costado "Puto flato" no me lo puedo creer. "¿Y si en la carrera me entra flato? ¿y si no la termino por su culpa?" me vienen pensamientos negativos de todo tipo. No puedo pensar eso, "pues la termino y punto". Me estiro, respiro hondo y expulso el aire con un soplido, elimino mi flato y mis malas vibraciones de golpe, se van con mi exhalación.

Tengo que vigilar lo que como el día antes de la carrera y el desayuno de esa mañana, que oye, si vomito pues vomito, pero que no me fastidie que llevo preparándome mucho. Solo espero no lesionarme antes de correr...
Bajo cuestas para dirigirme hacia la zona donde suelo correr y empiezo a temerme lo peor...tanto bajar estando fresca... Y efectivamente, cuando quiero darme cuenta, tengo que volver porque se acerca el kilómetro 12 y tengo una multitud de cuestas arriba acumulándose en mi recorrido de vuelta a casa... "vaya por dios" digo con la cabeza agachada mientras sudo y subo como puedo las cuestecitas.

Correr es una metáfora de la vida, "lo que haces tiene consecuencias, si bajas luego tienes que subir, hay que ser consecuente con lo que hacemos en un momento dado y aceptar las consecuencias que nosotros mismos nos creamos" es como un mantra que me repito. Aceptar las consecuencias, pensar las cosas que hacemos porque tienen consecuencias.

Pues a mi me da igual, las acepto, y bienvenidas sean. Termino mis 18 kilómetros en 1 hora y 48 minutos. Y por la noche a entrenar a fútbol. ¡Dale!

viernes, 10 de abril de 2015

Reflexionando

Hoy ni siquiera tengo ganas de escribir, pero me he dado cuenta de que la ultima vez que escribí fue el lunes y tengo esto muy dejado. No es por que se me olvide o me de pereza, es que no tengo tiempo. Tengo las horas de los días contadas para hacer todo lo que quiero. Aunque no trabaje y la gente pueda pensar que me tiro el día en mi casa a la bartola menos cuando salgo a correr, no es verdad.

Actualmente estoy sometida a bastante estrés porque tengo mucho que hacer y solo 24 horas. Mis estudios son mi trabajo, y por eso tengo que estar toda la mañana y parte de la tarde estudiando. Entre estudio y estudio busco un hueco para salir a correr, ir al gimnasio o nadar, porque me he comprometido con ciertas cosas y tengo que entrenar.
Además cuatro días a la semana tengo entrenamientos de fútbol, en los que se me van alrededor de 3 horas del día. Es por eso que me molesta cuando no se aprovecha el tiempo o llegamos tarde. Lo siento, pero no lo puedo evitar. Me encanta el fútbol, pero mi físio ya me lo dejó claro, "haciendo fútbol veo muy difícil que puedas entrenar para una maratón, un triatlón o cualquier reto que requiera entrenar más tiempo del que haría una persona que solo corre por estar en forma".






Acepto que he elegido el fútbol frente a otras cosas. Acepto que por entrenar las dos cosas a la vez tenga las piernas como si me fuesen a estallar, que me duelan como un demonio, lo acepto, pero es por eso que muchas veces me sienta mal que no se tome en serio los entrenamientos. Entiendo que es un problema mio, y no puedo decepcionarme porque me parezca que se podría hacer más, que podríamos ser mejores, porque no somos profesionales y cada uno tiene su vida. Es normal que la gente solo venga a pasar el rato, porque les guste el fútbol y quieran tener un rato agradable de ejercicio para olvidarse del trabajo o las clases. Sé que es mi problema, que como dice mi madre, siempre he exigido mucho a todo el mundo, siempre he exigido que todo el mundo piense y actúe como yo, y eso tampoco es justo para los demás.
¿Qué queréis que os diga? Soy humana y soy como soy. Me equivoco como todo el mundo y hay cosas que no puedo cambiar. Por mucho que lo intente, hay cosas en las que soy muy perfeccionista y espero que la gente lo sea igual.

La respuesta a todo esto, y lo que muchas veces me pasa por la cabeza es lo que mi buena amiga Diana dice con toda la razón del mundo "La vida es dura".

lunes, 6 de abril de 2015

Domingo de sufrimiento

Si os digo la verdad me siento muy nerviosa. Tengo que correr 18 kilómetros y me parece una burrada. Son tan solo 3 kilómetros y unos metros menos que una media maratón y no se si estoy preparada. Esto empieza a ser serio, ya no hay vuelta atrás. Afortunadamente Cris me acompaña con la bici porque no quiere que vaya sola por si me da un mal o me pasa algo, es mucha distancia. Ella lleva el agua y yo me he metido en el bolsillo del pantalón de correr dos geles de esos del decathlon para darme energía. He planeado tomarme uno en el kilómetro 7 y otro en el 14, no es que los necesite, pero me los tomaré como premio. Es un incentivo para que mentalmente diga, "en el kilómetro 7 me tomo eso y es como si empezase de cero". La cabeza es muy curiosa a veces, si piensas mucho una cosa al final te lo crees.
Tomamos la ruta hacia Torrejón, la idea es hacer 9 kilómetros y volver. Visto así parece hasta fácil, "solo 9 y me vuelvo", claro, pero de vuelta son otros 9. Si piensas en 18, en 21, o en 42 te puede dar algo. Es mejor pensar en 9 y 9, o 10, 5, 5 y 2, o lo que es más mejor 10, 10, 10, 5, 5, y 2... No, lo mires como lo mires 42 kilómetros es una burrada.
El sol está pegando bastante pero la temperatura es bastante fresca, el día ideal para quemarse, pero yo me he puesto crema así que espero ponerme morenita ya de paso.
Voy paso a paso, con la mirada hacia delante, escuchando música. Al principio Cris me habla y me entretiene, por lo que los primeros kilómetros se me pasan rápidamente, después se adelanta y se dedica a lo suyo. Casi lo prefiero porque me da miedo que de tanto hablar me canse mucho y además no quiero que ella tenga que estar a mi lado sino que disfrute con la bici.



Los kilómetros van pasando y la verdad es que me siento bien. Voy casi por la mitad y no noto cansancio, empiezo a acelerar. Siempre me pasa lo mismo en el kilómetro 7-9. Lo llamo el subidón del 7. El problema es que se nos va acabando el camino y nos tenemos que meter por un sitio con el terreno bastante irregular y mi lesión, ya casi curada, empieza a resentirse. Cris me pregunta que cómo voy y le digo que mal, que no deberíamos habernos metido por ahí. Soy un poco borde con ella y me siento mal, pero creo que entiende que es por la situación, o eso espero.
Nos damos la vuelta y poco a poco me deja de doler la pierna "nota mental, evitar terrenos abruptos".
Cuando me cruzo con otros corredores me saludan, normalmente nadie me saluda, pero en este caso deben pensar "si ha llegado hasta aquí es una de los nuestros", ¿lo soy?
Poco a poco volvemos a zonas conocidas y mi reloj me marca que llevo el 80% del recorrido, "Ya acabo aunque sea cojeando" y lo típico, empiezo a notar ampollas en los dedos, los hombros cargados, las rodillas tiesas, pero sigo y sigo y sigo. Me permito el lujo de aumentar el ritmo en el último kilómetro "quiero que esto acabe pero ya". Y finalmente mi reloj con un pitido glorioso me confirma que si, que puedo darme por satisfecha, que lo he hecho y no ha sido para tanto.
Choco la mano con Cris que me ovaciona y anima, lo que hace que me sonroje, pero ella no lo sabe porque estoy roja de correr.

Me pongo estirando y le digo a Cris "pues el próximo domingo me tocan otros 18 kilómetros"