Son las 6:45 de la mañana y suena el despertador. Lo miro incrédula porque tengo la sensación de acabar de dormirme. Anoche me costó mucho coger el sueño, di mil vueltas en la cama y no paraba de pensar en el día que llegaba, 26 de abril, el día de mi primer medio maratón.
Me incorporo con mucho esfuerzo y bajo a desayunar. Es importante que desayune con tiempo para que no me pasen cosas raras en el estómago. Mientras me hago el café oigo ruido en la casa y saco otra taza, Cris se ha despertado y la muy loca va a desayunar conmigo. Al poco de preparar el desayuno aparecen ella y Asia con cara de sueño por la puerta. Nos saludamos casi sin hablar y entre gruñidos le hago saber que no tiene porqué desayunar conmigo, pero le doy pena y me acompaña.
Me preparo y compruebo veinte veces que no me dejo nada. Entre unas cosas y otras mis padres, también están ya en pie y en seguida estamos saliendo por la puerta para subirnos al coche. Son las 8:15 de la mañana y la carrera empieza a las 9.
Como es domingo no hay mucho atasco y llegamos a Atocha en 15 minutos. Según nos acercamos a la carrera se ve gente con la camiseta y dorsal, algunos con chubasquero, otros con bolsas de basura y otros a los que parece dar igual la lluvia. Les veo pasar trotando al lado del coche, calentando, y se me pone un nudo en el estómago "ya estamos, esto es serio". Cuando no podemos avanzar mis padres paran el coche para que Cris y yo nos bajemos. Desde dentro me desean mucha suerte y me animan. Me da hasta pena separarme de ellos porque no les veo mucho, pero en ese momento estoy un poco tensa y no quiero perder mucho tiempo, les mando besos desde fuera y me siento profundamente agradecida del esfuerzo. Sé que a mi padre no le gusta madrugar, y no le he visto en ningún momento poner ningún tipo de gesto de desagrado, sino todo lo contrario, se han ofrecido ellos.
Cris y yo nos acercamos a la carrera, yo voy pendiente del móvil porque he quedado con Nines en Neptuno, pero no conseguimos encontrarnos. Me quito la sudadera y el chubasquero y se lo doy a Cris, que lo mete en la mochila. Me iba a llevar la GoPro para grabar la carrera pero en el último momento pienso que mejor no, porque 21 kilómetros con la cámara en la mano pueden ser un rollo.
Cuando la gente empieza a andar me despido de Cris, que va a intentar seguir la carrera en metro y verme en puntos por los que sabe que pasaré. Me da pena verla irse porque significa que a partir de ahora estoy sola.
Miro adelante y no veo más que gente. Gente por todos lados. Me entretengo imaginando cómo será su vida, cuál sera la historia de cada uno para correr una maratón o media maratón. A mi lado hay una pareja de unos 70 años que tienen dorsal de media maratón, un poco más adelante unas chicas que tienen una camiseta en la que pone "va por ti ..." Gente de todo tipo me rodea.
Un poco antes de pasar el arco de salida me pongo los cascos, preparo el reloj y empiezo a trotar. Cuando paso el arco empieza lo bueno. A los lados hay muchas personas que han venido a vernos salir, que animan y jalean aplaudiendo. Es un gran ambiente y aunque llevo mi música no pierdo detalle y me contagio. No, no estoy sola. Controlo mi velocidad de carrera para no empezar muy fuerte y trato de disfrutar al máximo.
En el kilómetro 3 me empiezan a doler los muslos, los gemelos, las rodillas. Mi cuerpo se está activando y no le doy más importancia. En el kilómetro 8 me duelen las plantas de los pies, trato de correr estirando y cambiando de apoyo de vez en cuando. En el kilómetro 10 ni me entero de los dolores, me siento bien. En el kilómetro 11 me encuentro por fin a Cris, hemos estado hablando por Whatsapp y no conseguía encontrarme y por fin, en Nuevos Ministerios la veo. Me he pasado la carrera mirando a los lados buscando una cara conocida y ahí está. Me acerco y la oigo animarme y sonreírme, paso por su lado y chocamos, le digo "Esto está hecho". Desde ese punto empieza lo mejor, me he tomado un gel de Energy y empiezo a acelerar. La gente va decayendo y les adelanto. Me siento muy bien y empiezo a pensar en todos los que me habéis leído y animado durante mi entrenamiento para esta prueba. Pienso en mi abuela, que siempre cree que voy a ganar, en mi tia Elia que ha estado malita últimamente, en Ángel que siempre se queda alucinado del ejercicio que hago, mi equipo de fútbol que ayer ganamos por huevos, mi prima Ester y mis tíos, Jana y Diana, mi antiguo equipo de hockey y la buena gente que había, en todos mis amigos que piensan que estoy loca pero no saben que hay gente peor que yo. No estoy sola.
En el kilómetro 14 aproximadamente nos separamos de los valientes que van a correr la Maratón. Les miramos con una mezcla de admiración y respeto, les aplaudimos, nos aplauden en agradecimiento. Se me pone la piel de gallina y no puedo evitar emocionarme. Es un momento difícil de explicar, entre humanos, entre deportistas, de ser consciente de lo que es estar ahí, de lo que les queda, de lo grandes que son.
A partir de aquí y con el sentimiento de que algún día seré una de ellos, todo va rodado. En el kilómetro 19 empieza a llover con ganas. Miro al cielo con cara de "¿En serio?" pero no puedo evitar pensar que es un guiño a mis propias palabras "Lluvia a mi, me encanta correr con lluvia" y sonrío acelerando, pasando gente que va aguantando como puede, va a andando, se para a estirar. Ellos también son grandes, aunque anden ya han tenido más huevos que los que no se han apuntado (no es una critica a los que no lo hacen sino un piropo para los que vienen). No puedo evitar animar a un chico que va cojeando mientras corre, pero no se para, sigue con la meta en mente. "Ánimo, que ya no queda nada" le digo sonriendo, y el me sonríe "Muchas gracias". A los lados empiezan a aparecer aquellos que ya han terminado y van con la medalla al cuello, nos animan y me parece indescriptible que a pesar de la lluvia sigan ahí animando.
Entramos por fin en el retiro y estoy genial, me siento genial, empiezo a ver la meta y la cantidad de gente que hay a los lados de las vallas. No estoy sola.
De repente alguien me toca el hombro, es Nines que va con su amigo Jorge. Nos saludamos sabiendo la suerte que tenemos de encontrarnos justo cuando vamos a pasar la meta. Es genial llegar a meta, pero si llegas con alguien es mucho mejor. Nos aproximamos a la meta y veo a mi padre a un lado y a mi madre un poco más adelante. Estoy emocionadísima. Me encanta que mis padres estén aquí, me hace disfrutar el momento aún más. Cruzamos la meta de la mano Nines, Jorge y yo.
No estoy sola porque cuando corres, a pesar de todo estas contigo, estas con tu corazón, con tus piernas, con tu cabeza. Estás con todos los kilómetros acumulados hasta llegar a hoy, estas con todos los paisajes que has visto mientras corrías, con todas las carreras, las canciones y los dolores. Estás con el flato, los tirones y las ganas de abandonar. Pero también estás con toda esa gente que, aunque no lo crea, hace que tires un poco más, que aguantes hasta el final.
Todos vosotros que estáis ahí animando y comentando cada día, los que estáis cerca y lejos, los que a pesar de que no hablemos leéis mis blogs y sentís que poco a poco volvemos a unirnos.
¡Muchas gracias a todos!
Si, sé que tengo cara de pan en la foto pero ¿que esperáis? ¿que salga tan divina como Nines? Una tiene sus limitaciones y yo después de correr pues, tengo esa cara.
Aqui ya estoy en casa con mi medallita y menos horrible jiji.
Mola terminar una carrera y que te den una medalla tan bonita y que encima tenga a la Cibeles. ¿Qué más se puede pedir?