He de reconocer que he fallado al blog porque dije que volvería a escribir de modo regular y como se puede ver... no lo he hecho. En fin, no es que tenga que excusarme porque es algo que hago por entretenimiento y placer, pero me parece que si algo hay que tener en esta vida es compromiso.
El compromiso lo es todo. Si no tienes compromiso no puedes estudiar, no puedes trabajar y desde luego, no puedes mejorar. Cuando te comprometes debes tener muy claro a lo que te comprometes y si de verdad te interesa comprometerte con ese tipo de actividad o meta. Si no sientes ningún tipo de atracción por lo que haces, va a ser muy difícil mantener ese compromiso por mucho que te esfuerces.
Últimamente, la palabra compromiso ha venido repitiéndose en mi cabeza de un modo constante debido a mis nuevas actividades deportivas. No es que sean nuevas porque como sabéis ya hace rato que hago fútbol, pero si que este año me he embarcado en un proyecto ambicioso por parte de un club (creo que ya hablé de ello en otro escrito) en el que el entrenador exige de nosotras un compromiso y dedicación casi total, lo que puede resultar un poco confuso al principio. Voy a intentar explicarme.
Como todo lo nuevo en esta vida, he pasado por varias fases por las que creo que hemos pasado todas en el equipo, incluido el entrenador. Cuando conocí el equipo a principios de verano, estaba emocionada con el club, el equipo y sobre todo el entrenador. El entrenador contaba totalmente con nosotras y me sentía parte importante de un proyecto ambicioso en el que todo giraba en torno a nosotras. Era todo lo que había dicho que quería en un míster, serio, comprometido, con amplios conocimientos de fútbol y que le diese importancia al físico.
Cuando empezamos los entrenamientos me deprimí un poco porque había arrastrado una lesión tonta pero molesta (periostitis) y no podía entrenar cómoda ni disfrutar del juego.
Poco a poco se me ha ido pasando (aún me molesta de vez en cuando) y a pesar de encontrarme mejor fisicamente, llegaron otros problemas, esta vez de equipo. Creo que fuimos un poco ingenuos al pensar que formar un equipo iba a ser fácil. La situación vino dada porque nosotras no entendíamos algunos ejercicios y el entrenador se desesperaba por ver como la hora de entrenamiento se perdía por falta de concentración y compromiso. Hubo momentos duros de charlas serias y cabreos varios en los que no quiero entrar porque me parecen parte de un proceso normal de adaptación de todos a una nueva situación. El míster lo supo ver a tiempo, y no solo cambió su actitud sino que consiguió que todas viésemos por nosotras mismas los problemas que había y la necesidad de comprometerse al cien por cien. A base de su propio esfuerzo consiguió que nos implicásemos más en lo que se hacía y se creyese en su sistema de juego. De verdad que no quiero sonar pelota, pero como se suele decir, "hay que darle al césar lo que es del césar", en este caso, "hay que darle al míster lo que es del míster".
Foto del partido (yo con cara de simio)
Si os digo la verdad no pensaba escribir sobre esto, pero es a lo que me ha llevado este escrito por si solo. En próximos artículos hablaré de lo que iba a hablar hoy, por ahora os quedáis con la duda...

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