Hace un frío que pela. Pienso en el significado de la expresión y creo que se refiere al modo en que se te pelan las manos y los labios cuando hace mucho frío. Es por eso que me pongo guantes y me cuido de abrigarme bien. Son las 10:30 y ya hace sol, pero no lo suficiente como para que el cuerpo se te caliente. Aún así, al ir corriendo siento como el sudor empieza a surgir.
Hay momentos en los que me cuesta mucho seguir corriendo. Podría parar y seguir andando, podría volver a casa y punto. No, no puede ser. Así no se consigue nada. Así nunca voy a avanzar. Busco en mi mente maneras de mantenerme en marcha y continuar. Primero me imagino a las figuras que me inspiran y lo que habrían hecho, ellos habrían continuado, por supuesto. Cuando esto me empieza a fallar imagino a mis amigos animandome, diciéndome que no me pare, que continúe. Cuando se me hace aún más difícil me concentro en la música, en lo que dice, en lo que significa. Llegado el punto en que me duelen tanto las piernas que empiezo a pensar seriamente en pasar, paso a lo más radical de todo, imaginarme a la gente que alguna vez me ha herido comentando que seguro que me rindo, riéndose de mi, mirándome con superioridad. Puede que haya gente que piense que no es sano, pero es el único momento en el que pienso en ese tipo de gente, además siempre me funciona, en mi mente me alejo de sus risas y críticas continuando, esforzandome, sufriendo pero con orgullo.
Lo que intento decir con esto es que en momentos en los que lo dejarías todo, tu cabeza tiene la llave para que des aún más de ti. La cabeza es una poderosa máquina que puede hacer que triunfes pero también puede convencerte para que pares, para que creas que no eres lo suficientemente buena para hacer algo grande. Es difícil entrenar el cuerpo, pero más difícil es entrenar la mente, pero como todo, se puede entrenar perfectamente con tiempo y dedicación.
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