Tenemos las piernas doloridas del medio maratón de ayer. Todavía parece muy reciente y doloroso, pero sobre todo gratificante por haber superado un reto que llevamos preparando mucho tiempo.
Recogemos la habitación y por supuesto no nos olvidamos de guardar las ansiadas medallas que con tanto trabajo nos hemos ganado. Puede parecer una tontería llevar una medalla después de una carrera, pero la medalla significa mucho. Significa que has sido capaz de llegar a la meta, que has mantenido unos entrenamientos durante meses, los esfuerzos, sudores y dolores que te han agobiado todos estos meses se reúnen en una sola plaquita de metal. Se acabó.
La carrera fue bastante bien. Llevamos la ropa al guardarropa a las 8 de la mañana y nos colocamos en nuestro cajón de salida entre el resto de corredores. Como llevábamos la bandera de España atada los españoles que nos veían nos saludaban. Incluso hubo un hombre que creo que se creía que eramos mejicanas o que en España se dice "Andale andale" en fin.
La zona por dónde corríamos era bastante agradable pero la parte final se hace un poco pesada al transcurrir por un parque y no tener más que césped y árboles al rededor. Aún así la gente rodeaba tramos de la carrera animando, y cada cierto tiempo había bandas tocando rock.
Empezamos a un ritmo cómodo y asequible para en los kilómetros finales no estar reventadas y poder terminar con buenas sensaciones. Lo terminamos en 2 horas 10 minutos, lo que a mi me parece un buen tiempo, pero Cris creo que piensa que podríamos haber ido más rápido. Puede que pecase de conservadora, pero mi cuerpo me dice que hice bien. Está claro que con más entrenamiento y menos calor en los entrenos podríamos haber machacado el crono pero hay que marcar objetivos, y si el objetivo es terminar en 2 horas y poco es una locura lanzarse a correr rápido y arriesgarte a quemarte a mitad de carrera. Yo me siento muy contenta porque salí de una lesión hace un mes y ahora he corrido una media maratón.
Bajamos de la habitación para salir a las calles de Dublín y dirigirnos a la parada de autobús que nos lleva al aeropuerto. En la calle no hay más que gente que ha salido de marcha y se dirige a sus casas con unos andares curiosos. Chispea un poco mientras esperamos el autobús, que llega justo cuando había dicho Cris que llegaría. Nos relajamos durante el viaje al aeropuerto y disfrutamos de las vistas de las casas dublinesas por última vez. Tal vez volvamos algún día porque nos quedaron cosas por ver, pero de momento volvemos a casa, a nuestra vida normal, a estudiar, a trabajar... Pues que bien...
No hay comentarios:
Publicar un comentario