Aprovecho el impulso que me dio ayer y me dedico a limpiar la casa, que después de estos días de lluvia ha quedado llena de pisadas de perra. No es tan desagradable si no estás agobiada por los estudios, llega a ser incluso relajante. He planeado el día para hacer el máximo de cosas y ponerme a estudiar en cuanto lleguen mis libros. Limpio, a las doce me voy al médico a que me pida cita con el dermatólogo y después voy a la piscina a nadar. Tenía pensado hacer pesas antes de nadar pero el típico retraso de casi una hora en el médico hace que tenga que dejarlo para esta tarde.
En la piscina aprovecho para probar mi reloj TomTom Multisport cardio que me trajeron los reyes magos y no he tenido ocasión de usar. Dentro de la piscina no detecta el pulso ni detecta los metros por GPS, pero si introduces correctamente la longitud de la piscina mide los cambios de un largo a otro y te dice cuantos largos llevas y los metros que son. Luego mide otras cosas que no he tenido ocasión de investigar pero ya probaré.
Si os digo la verdad ir a la piscina me da mucha pereza, pero una vez que estoy ahí disfruto. Me gusta la sensación de deslizarme avanzando por medio de mi cuerpo y pensar formas de aprovechar la inercia que llevo y no frenarme por una mala colocación. Nunca he hecho clases de natación pero, a pesar de mi estilo un poco callejero, no nado despacio. Además ya no me canso tanto y llevo un ritmo constante. Atribuyo la mejora en natación a las pesas que me he estado forzando a hacer estos meses para desarrollar dorsales, hombros, bíceps y abdominales. Según estoy nadando pienso en ello y saco la conclusión de que merece la pena el rollo de las pesas para luego tener una mayor capacidad muscular aplicada a algo, no solo por lucir musculito.
Mientras nado me fijo en el estilo de mi compañero de calle. Nada bastante despacio, pero no para, lleva desde antes que llegase y se va después de que me vaya. Me fijo en sus piernas y son un desastre. Cada una va por donde quiere, da la patada cuando se acuerda, y si no se acuerda le cuelgan como un lastre. Un total desastre. Y la verdad es que el hombre le pone ganas y tesón, pero creo seriamente que debería ir a clases para practicar. Pero no es el único de la piscina con tal desastre de estilo. Con esto quiero decir que es cierto que en determinados deportes conviene que alguien te enseñe la técnica para no cansarte tanto o hacer un trabajo que no te va a servir de nada, o que puede incluso lesionarte.
Después de nadar me ducho con mucho gusto porque en la piscina hacía un poco de frío y el agua caliente termina de relajarme. Cuando llego a casa llegan los libros que había pedido y veo que hay de todo, tochazos y finitos, ¡esto vuelve a empezar!

No hay comentarios:
Publicar un comentario