Si os digo la verdad me siento muy nerviosa. Tengo que correr 18 kilómetros y me parece una burrada. Son tan solo 3 kilómetros y unos metros menos que una media maratón y no se si estoy preparada. Esto empieza a ser serio, ya no hay vuelta atrás. Afortunadamente Cris me acompaña con la bici porque no quiere que vaya sola por si me da un mal o me pasa algo, es mucha distancia. Ella lleva el agua y yo me he metido en el bolsillo del pantalón de correr dos geles de esos del decathlon para darme energía. He planeado tomarme uno en el kilómetro 7 y otro en el 14, no es que los necesite, pero me los tomaré como premio. Es un incentivo para que mentalmente diga, "en el kilómetro 7 me tomo eso y es como si empezase de cero". La cabeza es muy curiosa a veces, si piensas mucho una cosa al final te lo crees.
Tomamos la ruta hacia Torrejón, la idea es hacer 9 kilómetros y volver. Visto así parece hasta fácil, "solo 9 y me vuelvo", claro, pero de vuelta son otros 9. Si piensas en 18, en 21, o en 42 te puede dar algo. Es mejor pensar en 9 y 9, o 10, 5, 5 y 2, o lo que es más mejor 10, 10, 10, 5, 5, y 2... No, lo mires como lo mires 42 kilómetros es una burrada.
El sol está pegando bastante pero la temperatura es bastante fresca, el día ideal para quemarse, pero yo me he puesto crema así que espero ponerme morenita ya de paso.
Voy paso a paso, con la mirada hacia delante, escuchando música. Al principio Cris me habla y me entretiene, por lo que los primeros kilómetros se me pasan rápidamente, después se adelanta y se dedica a lo suyo. Casi lo prefiero porque me da miedo que de tanto hablar me canse mucho y además no quiero que ella tenga que estar a mi lado sino que disfrute con la bici.
Los kilómetros van pasando y la verdad es que me siento bien. Voy casi por la mitad y no noto cansancio, empiezo a acelerar. Siempre me pasa lo mismo en el kilómetro 7-9. Lo llamo el subidón del 7. El problema es que se nos va acabando el camino y nos tenemos que meter por un sitio con el terreno bastante irregular y mi lesión, ya casi curada, empieza a resentirse. Cris me pregunta que cómo voy y le digo que mal, que no deberíamos habernos metido por ahí. Soy un poco borde con ella y me siento mal, pero creo que entiende que es por la situación, o eso espero.
Nos damos la vuelta y poco a poco me deja de doler la pierna "nota mental, evitar terrenos abruptos".
Cuando me cruzo con otros corredores me saludan, normalmente nadie me saluda, pero en este caso deben pensar "si ha llegado hasta aquí es una de los nuestros", ¿lo soy?
Poco a poco volvemos a zonas conocidas y mi reloj me marca que llevo el 80% del recorrido, "Ya acabo aunque sea cojeando" y lo típico, empiezo a notar ampollas en los dedos, los hombros cargados, las rodillas tiesas, pero sigo y sigo y sigo. Me permito el lujo de aumentar el ritmo en el último kilómetro "quiero que esto acabe pero ya". Y finalmente mi reloj con un pitido glorioso me confirma que si, que puedo darme por satisfecha, que lo he hecho y no ha sido para tanto.
Choco la mano con Cris que me ovaciona y anima, lo que hace que me sonroje, pero ella no lo sabe porque estoy roja de correr.
Me pongo estirando y le digo a Cris "pues el próximo domingo me tocan otros 18 kilómetros"

¿Te he dicho alguna vez lo orgullosa que estoy de tí? Creo que te lo he dicho mucho menos de lo que te lo mereces.
ResponderEliminarEres mi heroina.
Me vas a hacer llorar. Que uno de los ejemplos de mi vida me diga eso es genial. Os quiero
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