Son las 17:30 de la tarde y estoy en mi cuarto leyendo los apuntes del examen que tengo en septiembre. Aunque aún estemos en Junio, no quiero dejar para el último día los estudios porque mis examenes son muy jodidos (perdón) y no se puede dejar nada al azar.
No tengo ninguna gana de estudiar, pero me estoy obligando a leer al menos 5 páginas para que poco a poco vaya avanzando. Me suena el móvil y es mi amiga Diana diciendo que estas noches está durmiendo muy mal por culpa del calor y que con el embarazo es todo peor. Le digo "si tienes tanto calor vente a mi piscina y date un baño" acepta encantada y yo tiro el libro a tomar por saco encantada también.
Me da el tiempo justo a retocar mi depilación, que ayer dejé a medias porque la depiladora murió y necesitaba batería. Cuando me estoy terminando de poner el bikini llaman a la puerta y aparecen Jana y Diana. La verdad es que aunque a veces no te des cuenta, cuando estás con tus amigos es cuando sabes que les has echado de menos. Pasamos el resto de la tarde hablando y bañándonos. Me siento como cuando eramos pequeñas y los veranos eran interminables. Pasábamos las tardes calurosas jugando, grabando películas y llegando incluso a aburrirnos sin saber qué hacer.
Hablamos de lo mal que esta el país, de lo aburrido que es estudiar, de los dolores articulares que tenemos por los excesos del deporte. Cuando nos quedamos solas Diana y yo porque Jana tiene que ir a trabajar, hablamos de lo que va a suponer cuando tenga la niña. la responsabilidad que es y la movida que va a ser. La entiendo en cierto modo pero es imposible que sepa lo que es, porque como dicen, tener un hijo lo cambia todo. La escucho con interés y me parece magnífica su actitud. No pensar en ello y dejar que las cosas vengan. Tiene toda la razón.
Tener un niño debe ser un cambio tremendo y debe dar miedo, pero lo bueno que tiene el ser humano es que somos capaces de adaptarnos a todo. Al principio puede que sea un cambio brutal, pero llegará un punto que lo vea lo más normal del mundo. Además en España tenemos la suerte de tener una familia que como norma general suele apoyarnos en todo lo que necesitamos, a pesar de no tener dinero.
Si pensamos las cosas demasiado puede que se nos venga todo encima y no queramos ni salir de casa por pensar en las cosas que podrían salir mal, lo que tenemos que hacer y las responsabilidades que tendremos que asumir, sin embargo, tampoco viviríamos. Estaríamos en una burbuja en la que todos los días serían igual y no disfrutaríamos la vida en todo su esplendor.
Es increíble lo que da de sí una tarde de calor africano.
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