He decidido que no, que corro porque me gusta y porque quiero. Es de las pocas cosas que hago en las que no tengo que rendir cuentas a nadie, sólo a mi, y por tanto, no me apetece que se convierta en una obligación. No quiere decir que haya entrado en una crisis ni nada de eso, sino que prefiero no correr cuando no tengo tiempo o mi cuerpo me está avisando de que está a punto de llegar a su límite de desgaste. Y es que eso es lo que parece que me está diciendo, porque hay dolores que estoy experimentando que no había experimentado antes, y que no se me van al moverme, van a peor. Como ya conté en el artículo anterior, terminé cojeando de dolor y me costó mucho recuperarme. Reconozco que ahí me pasé de bestia y al llevar 3 kilómetros con dolor debería haberme vuelto a casa como una niña buena, pero el vicio es lo que tiene, que te nubla la razón.
Foto de Rexona Street Run
tomada por Cris Vivo
Con todo esto lo que quiero decir es que seguramente no me vendría mal un descanso de tanta burrada que hago y aprovechando los exámenes cambiar un poco mi rutina. Hoy por ejemplo, que tengo que hacer 12 kilómetros, como tengo los dos glúteos cargados y el pie con un amago de fascitis plantar, pues voy a hacer los 12 kilómetros en bici estática. No tiene que ver un ejercicio con otro, pero al menos puedo continuar entrenando cardio sin tener que cargar las zonas que me duelen. También aprovecharé estas semanas para ir al gimnasio a darle un poco al core y los musculitos de arriba que los tengo abandonados a los pobres. Otro día haré natación, que aunque me quita mucho tiempo, me viene muy bien para descargar un poco tanta sobrecarga.
La moraleja de todo esto es que aunque te guste mucho hacer algo, si te fuerzas demasiado, acabarás cogiendo manía a todo y perderás la afición. Por tanto, un cambio de rutina de vez en cuando no viene mal para desconectar y retomar con más ganas aún.
No hay comentarios:
Publicar un comentario